Antes de nada, me gustaría dejar claro que mis próximas palabras vienen dadas desde el actual contexto en el que entreno, es decir, entrenador de cantera de un club modesto donde su equipo senior milita en Primera División Nacional Masculina, y con un número de jugadores/as en sus equipos de base que ronda los 430, siendo estos últimos esenciales en la viabilidad de este club.

Desde mi punto de vista, la persona que se considera entrenador de formación debe tener claro el significado de la palabra PACIENCIA. Sin esta palabra todo lo que a continuación describo, no tiene ningún sentido. La esencia de la formación es intentar que los jugadores hagan las cosas por ellos mismos, sin prisa, para que ellos lleven la iniciativa en el juego. No caeremos en la tentación de crear autómatas. Nuestra misión consistirá en sacar a la luz el potencial talento que posean los jugadores a entrenar, consiguiéndolo a través del adecuado proceso enseñanza-aprendizaje para aplicarlo en el entrenamiento y la competición, centrando nuestro éxito en la unión del esfuerzo y la tarea.

Debemos convencer a los jugadores de que para evolucionar en el deporte deberán tener claro que en muchas ocasiones tendrán que sobreponerse a su error y al de sus compañeros, al esfuerzo, al cansancio, al rival que te supera… y eso no produce diversión, de ahí que deban comprender que divertirse y disfrutar no es lo mismo. Es decir, para afrontar las posibles dificultades en los entrenamientos y partidos tenemos que “disfrutar sufriendo”, frase que puede ser contradictoria a primera vista pero que es fundamental a la hora de conseguir esa esperada mejora deportiva y personal (control de las emociones). Siempre he pensado que querer evitar que los jóvenes deportistas convivan con la dificultad, afronten retos a su alcance o tengan que esforzarse, no les va a hacer ni más felices ni mejores jugadores. Tener que esforzarse (mucho) no es un castigo. Facilitar, debilita.

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Enseñar a aprender será vital, fomentando en los jugadores hábitos en su conducta para ayudarles al desarrollo de su personalidad, estimular su formación física, adquirir los conocimientos básicos de este deporte, desarrollar sus capacidades técnico-tácticas y colaborar con las familias en el control de su desarrollo físico y emocional.

Debemos de crear un ambiente idóneo, donde no aparezca el agobio y estrés del jugador con el fin de que la asimilación del proceso enseñanza-aprendizaje tenga más éxito. Transmitiremos al jugador:

-Su redefinición del éxito…
…para conseguir los objetivos a largo plazo, primero tendremos que conseguir que el jugador se centre en conseguir sus pequeños progresos a corto plazo, primero en el día a día de los entrenamientos, y, seguidamente, en los partidos.

-Su aprendizaje constante…
…para crear un ambiente donde el jugador mantenga siempre su concentración, atención y predisposición a intentar mejorar cada día, para que el proceso sea aún más efectivo y motivante para él.

-La gestión de sus errores…
…para convencer al jugador de que no tenga miedo a equivocarse, ya que forma parte de su proceso formativo. Enseñaremos a los jugadores a afrontar el fallo y error, para potenciar su confianza y su creatividad.”

Debemos afrontar cada día que haya entrenamiento como el primero. Con nuestra actitud y pasión, cada jornada deberemos ilusionar y sorprender al jugador para que disfrute aprendiendo, y vuelva con más ilusión si cabe.

Me gustaría terminar con la siguiente cita del atleta Murakami que completó algún que otro ultra maratón: “Y una vez que la tormenta termine, no recordarás como lo lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa si es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esa tormenta.”Haruki Murakami. Cambiamos tormenta, por entrenamiento (o partido) y entonces se habrá entendido de qué va esto.

 

EJERCICIO 1: CONTRAATAQUE 2c2 CONTINUO

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